
Normal 0 21 A la calma del atardecer, una vez superado el sopor postrero a la comida y meditar sobre el almohadón, accedí a la petición de enseñar a montar a la invitada y así evadirme de mis pensamientos. Movidos al ritmo de una guitarra que su tío apasionadamente afianzaba contra el cuerpo; animados por un fugaz rayo de sol, y dentro de la pequeña parcela para...